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Reflexiones después de mi primera carrera de 15km

2 May

Hola! Ayer corrí, por fin, la carrera de 15km que se celebraba en Lisboa con motivo del 1 de mayo. Antes que nada, los resultados: hice 1:34:52, menos de lo que me esperaba, así que estoy contenta!! :D Eso no quita, claro, que llegara entre los 100 últimos… jajaja.

Bueno, mi principal objetivo era acabar la carrera, así que eso lo cumplí. Estoy acostumbrada a correr cada kilómetro en poco más de 6 minutos, así que hasta ahí todo igual. Yo veía esta carrera desde dos perspectivas: una, desde la del entrenamiento para siguientes carreras, porque no pensaba aumentar el ritmo (sería una locura hacerlo en mi primera carrera) y porque, al ser mi debut en el mundo de las carreras, quería más que nada fijarme en cómo éstas se vertebran, qué ambiente hay, qué se puede aprender de los demás corredores, etc. La segunda perspectiva era la de verla como un reto, pues ciertamente lo era: nunca antes había corrido 15km seguidos (casi: 14), y menos en un terreno con subidas y bajadas. Normalmente corro en llano, porque al lado de mi casa está el paseo del río Tajo que me ofrece unos 10km de asfalto sobre los que trotar.

Tengo que decir que el tiempo que hice fue una sorpresa: aunque he dicho que se adecúa al que normalmente hago (6 minutos y pico por kilómetro), en esta carrera esperaba tardar más. Primero, porque no conocía el recorrido al 100% y eso siempre puede ser causa de distracciones y retrasos, y segundo porque de los 9 a los 14 kilómetros todo era una subida constante. Teníamos que correr por una laaaarga avenida con una pendiente poco pronunciada pero inacabable. Ése era mi mayor miedo y la principal razón por la que sospechaba que tardaría más en completar la carrera, pero finalmente las cosas salieron bien e hice un tiempo que yo considero bastante bueno :)

El día de antes de la carrera ya me empecé a poner nerviosa. No salí a correr para estar lo más descansada posible, y cené un poco más de lo normal. Antes de dormir hice una visualización en la que yo estaba corriendo en la carrera, iba a un buen ritmo y llegaba a la meta fresca y feliz. La verdad es que a medida que visualizaba iba notando cómo los músculos de mis piernas se contraían, como si ya se estuvieran preparando para la acción.

Al día siguiente me desperté dos horas y media antes de que comenzase la carrera. Desayuné bastante: un vaso de leche de soja con copos de avena, weetabix, pasas y canela, un plátano y una tostada con paté de tofu y semillas. Nada más acabar de desayunar me sentí llena de energía y lista para correr lo que me echaran. Quería meditar un rato antes de salir de casa, pero no me dio tiempo y fui donde había quedado con João, el amigo con quien compartiría esta carrera.

Una vez en el estadio ya me fui contagiando del ambiente: había muchísima gente (95% hombres, todo hay que decirlo) calentando, estirando, recogiendo los dorsales… João y yo calentamos y estiramos un poco y 10 minutos antes de la hora de salida nos colocamos dentro del pelotón que se había formado en la línea de salida. Yo estaba súper nerviosa y a la vez expectante. Comenzó a llover poco antes de la hora. João y yo nos deseamos suerte mutuamente, y en seguida sonó la señal que daba por comenzada la carrera. João desapareció por delante y yo comencé tranquila, a mi ritmo y sin forzar mientras veía cómo una marabunta de personas vestidas de miles de colores chillones me adelantaba.

Siguió lloviendo durante los primeros 3 kilómetros, más o menos. Para mí el inicio fue lo más duro, en parte porque no lo tenía demasiado ubicado en el mapa. Fue cuando empecé a reconocer calles cuando me tranquilicé y me propuse disfrutar al máximo. No niego que me desmotivaba un poco comprobar que muchísima gente me adelantaba, pero luego pensé que esto era una carrera conmigo misma y con nadie más. Revisé mis objetivos, que eran acabar la carrera y, si era posible, conseguir un tiempo acorde con lo que había estado haciendo hasta ahora. No quería ganar ni demostrar nada a nadie, así que por qué agobiarme?

Los kilómetros desde Saldanha hasta Praça do Comércio (unos 4 más) fueron los más desahogados de la carrera, aunque no sé si los que más disfruté. Aún me estaba acomodando a la experiencia y a mi ritmo. El paisaje era tremendo: todo el centro de la ciudad cortado para que 1500 corredores pasaran por allí. Los turistas nos aplaudían desde las aceras, los organizadores nos animaban en los avituallamientos, la Avenida da Liberdade estaba preciosa con sus árboles ya verdes y el cielo nublado intentando colarse entre ellos…

A partir de el kilómetro 9 empezaba la subida, gradual pero larga. Recuerdo que cuando vi el cartel del kilómetro 9 colocado justo donde empieza la Avenida Almirante Reis (el comienzo del ascenso) pensé: “buff, ahora empieza lo duro”. Sin embargo, pensé que iba a acabar la carrera dando lo mejor de mí misma y que si había subido a pie esa avenida justo el día anterior, subirla corriendo no debía de suponer tanta diferencia. Así que seguí corriendo, dispuesta a bajar el ritmo si era necesario pero con la clara idea de no parar. A mitad de la avenida se abrió una brecha enorme entre yo y los demás participantes por detrás y por delante, y me recorrí todos esos kilómetros prácticamente sola. Llegó un momento en el que ya no sentía el peso del esfuerzo: iba cómoda, y pensé que sería bueno empezar a entrenar por cuestas algún día a la semana. De la carrera me llevo, entre otras cosas, el haber perdido el miedo a las cuestas.

En el kilómetro 14 se acabó la subida, y ya sólo quedaba uno para la meta. Me preguntaba todo el rato cuándo habría llegado João. En el último kilómetro aceleré un poco, animada por el pensamiento de que no quedaba nada y que ahora ya seguro que no iba a rendirme. Fue curioso, porque sentí que si la carrera hubiera sido una media maratón la podría haber corrido: estaba fresca y concentrada, como si me hubieran pulsado el botón automático y estuviera corriendo por inercia.

Cuando entré al estadio vi a João desde lejos. Comenzó a aplaudirme y a alzar los brazos: la verdad es que fue un momento súper emocionante. Noté un montón de chispas recorriendo mi cuerpo de abajo arriba, y me sentí muy satisfecha conmigo misma. La meta estaba a media pista de distancia. En ese momento comenzó a correr a mi lado un hombre mayor que me preguntó si era mi primera carrera. Le dije que sí, y me dijo que él tenía 70 años y que había corrido 30 maratones. Impresionante, eh? Me dio la enhorabuena y cruzamos juntos la meta. Mi plan era acelerar al entrar al estadio para ahorrarme unos segundos en el tiempo final, pero el ejemplo de experiencia y constancia de aquel hombre me enseñó mucho más que lo que podría haberme enseñado un mejor tiempo.

Al acabar la carrera pensé que habría sido genial que hubiera estado mi familia y mis amigos para recibirme. Puede que para ellos no significara mucho, pero para mí esto fue la prueba de que puedo superarme a mí misma, conseguir lo que me proponga y mejorar cada día. Seguro que hay más oportunidades en las que ellos podrán estar en la línea de meta ;)

Además de lo que ya he apuntado, lo que esta carrera me ha enseñado es que estas pruebas son un maravilloso instrumento de motivación. Si ya estaba comprometida con el correr, ahora me he propuesto nuevos retos como entrenar por cuestas, usar el pulsómetro que me ha prestado João para conocer mis pulsaciones y mis zonas de frecuencia carcíaca, dormir más para que mis músculos se recuperen adecuadamente del ejercicio… Y todo eso, claro, acompañado de una buena alimentación. La verdad es que me estoy haciendo una friki de la nutrición aplicada al deporte, y siempre que puedo me engancho a leer cosillas por Internet que me puedan ayudar a mejorar.

Así que nada, después de esta gran experiencia vuelvo más motivada todavía a entrenar, ahora con vistas a la media maratón… si he podido con 15 kilómetros, por qué no voy a poder con 22? ;)

Y gracias a João por compartir la carrera conmigo :) O teu apoio foi mesmo importante!

*Las fotos son de la carrera del año pasado; las de éste todavía no están subidas a la web oficial.

Cómo empecé a disfrutar del deporte

8 Abr

Hola a todos! Hoy os traigo una novedad. Ya que La Cocina Verde, además de ser un blog que pretende promover el veganismo como forma de respeto a los animales, también intenta promocionar un estilo de vida saludable, he decidido crear una categoría dedicada a la práctica de ejercicio físico. A partir de ahora escribiré, de vez en cuando, sobre deporte. Como no quiero dar consejos a nadie (para eso ya están los profesionales de la Educación Física), me centraré en escribir sobre mi propia experiencia: los beneficios que el deporte me reporta, las rutinas que sigo, etc. Espero que los artículos os sean útiles :)

La verdad es que no siempre me ha gustado el deporte, ni mucho menos. Aunque casi siempre he estado apuntada a algún deporte (tenis, aeróbic, natación), iba a las clases por obligación y a regañadientes. En la etapa de la escuela primaria temía las horas de Gimnasia: me aburrían los deportes en equipo, no ponía interés en ningún ejercicio… Yo era la típica niña a la que elegían la última a la hora de hacer grupos, jeje. En el instituto, más o menos de lo mismo: tenía miedo del balón (y la verdad es que hoy en día los deportes de balón siguen sin hacerme mucha gracia) y no me gustaba correr. Sin embargo, en tercero de la ESO constaté que mi falta de aptitud para el deporte (si la había) no era algo genético o adquirido, sino un hecho puramente mental. Lo descubrí en una clase de Educación Física: durante todo el trimestre, dedicábamos parte de las lecciones a correr. El aumento del tiempo era progresivo: empezábamos por dos minutos, luego cuatro, luego seis… Sabíamos que el examen final consistía en una prueba de resistencia: teníamos que correr durante 40 minutos sin parar. Yo no resistí todo el tiempo en ninguna de las clases preparatorias: cuando debíamos aguantar dos minutos, me cansaba antes; cuando eran diez, igual… Y antes del examen no podía soportar los 38 (ni de lejos, vaya!). No obstante, sabía que tenía que aguantar los 40 para poder aprobar, así que el día del examen me mentalicé y decidí que iba a conseguirlo. Lo hice pero, a pesar de haber comprobado que una gran parte del éxito en el deporte depende de cómo nos mentalicemos, seguí pasando del ejercicio físico durante 2 ó 3 años más. 

Más tarde llegó un día en el que sencillamente decidí que tenía que incluir el deporte en mi vida si quería mantenerme sana. Fui un año a natación y mejoré un poco la técnica, luego estuve apuntada a un gimnasio en el que hacía un poco de todo (me gustaba, en especial, el spinning)… Lo que me movía a practicar deporte era, más que nada, el deseo de mantener un peso saludable. La salud en su totalidad o la diversión eran beneficios secundarios, pero no constituían mi motivación principal.

En septiembre de 2011 me fui a Lisboa para empezar mi Erasmus. Al llegar aún disponía de dos semanas sin clases, y dediqué parte del tiempo a buscar algún gimnasio o alguna piscina a la que apuntarme. Cuál fue mi decepción al comprobar que los 100€ que pagaba en Valencia por un año de gimnasio, en Lisboa sólo daban para 2 meses (3 como mucho). Cansada de buscar y no encontrar nada asequible, decidí empezar a correr.

Al principio, salir a correr se me antojaba lo más aburrido del mundo y lo hacía porque no me quedaba otra. Mi límite era media hora de marcha: con eso me sentía satisfecha y me libraba de la obligación de ese día. No es que me fastidiara salir a correr, pero tampoco disfrutaba haciéndolo. Así estuve hasta finales de año, más o menos.

Y a principios de 2012 se dio una serie de cambios relacionados entre sí que me hicieron aprender a disfrutar de correr. Son los siguientes:

  1. Me hice vegana a principios de enero. Ya había leído en algunos foros y blogs que al adoptar una dieta vegana muchas personas se sienten más enérgicas y rinden mejor en todos los ámbitos de su vida. A mí me sucedió esto en el deporte: noté cómo esos 30 minutos que corría antes se me quedaban cortos y el cuerpo me pedía más, así que fui dándole poco a poco más caña.
  2. Esa subida de tiempos me hizo ser consciente de que estaba mejorando, de que mi cuerpo iba adaptándose al ejercicio y podía dar más de sí. Comprobar que podía correr 50 minutos sin acabar exhausta me iba motivando.
  3. Esa motivación provocó que saliera más días a correr, y el entrenar más alimentaba mi resistencia y la motivación para correr.
  4. Al correr más días y durante más tiempo, llegó un momento en que me acostumbré a recibir esa dosis diaria de endorfinas. Ahora noto cuándo mi cuerpo quiere correr. Y con esto viene lo más importante de todo:
  5. Correr no es ya solamente un medio para mantenerme sana y con un peso saludable, sino que es un fin en sí mismo. Corro porque me gusta correr, porque disfruto haciéndolo. Nada que ver con las motivaciones que me movían antes a practicar ejercicio físico: la balanza se ha equilibrado.

Para mí es esencial este último punto: practicar deporte no sólo como un medio, sino como un fin en sí mismo. Los beneficios que obtenemos practicando deporte son muchos e innumerables, y todos sabemos muchos: aumento de la resistencia y de la agilidad, mejora de los sistemas respiratorio y cardiovascular, mejora del estado anímico por la liberación de endorfinas, mantenimiento de un peso saludable… Sin embargo, creo que nunca disfrutaremos plenamente del deporte si, además de tener en cuenta esos puntos, no lo contemplamos como algo divertido, un espacio de tiempo que nos regalamos, una oportunidad para mejorar y superarnos a nosotros mismos.

Esto último ha sido muy importante en mi caso: el marcarme retos a la hora de correr y el buscar aspectos en los que puedo mejorar me ha motivado muchísimo. Decir: bien, ahora que ya aguanto corriendo bastante más de una hora, voy a centrarme en ganar velocidad. Opino que mantener una actitud de autosuperación es esencial para cualquier aspecto de la vida, y fundamental en el deporte. También está siendo clave para mí tener en el punto de mira algunas carreras populares (¡será porque no hay!) a las que me puedo presentar, y prepararme para ellas.

Así que os animo a todos a buscar un deporte que os guste y os motive (no tiene por qué ser así desde el principio: muchas veces se tarda en cogerle el gustillo…) y a practicarlo regularmente. Veréis como lo notáis a todos los niveles, y cómo poco a poco os va enganchando. Y si va acompañado de una feliz y sana comida vegana… ¡pues mejor que mejor! :)

Espero que os guste esta sección y los artículos que vaya escribiendo en ella!